LA POESÍA EN EL AULA

Manuel Valdivia Rodríguez

Afinar la sensibilidad del niño para la intuición de la belleza es, sin duda, una importante tarea de la escuela. Y no hay otro modo de hacerlo que compartir con los niños los objetos capaces de producir una emoción estética. Una canción, una fotografía, un afiche, un poema, una planta con flores son siempre accesibles. Si son hermosos, obrarán solos. Sólo se requiere presentarlos de modo conveniente.

Los textos literarios son, precisamente, obras cuyo valor reside en su belleza. Sea que se refieran a contenidos superiores, sea que traten asuntos modestos, siempre tendrán el brillo especial que irradia de su calidad formal. Y su lectura desempeñará un rol trascendente en la formación espiritual de la persona. Manuel Moreno Jimeno, poeta y maestro, resumía del modo siguiente lo que puede decirse sobre la lectura creadora:

 “…lo que se lee aclara las mentes, ennoblece los sentimientos, enriquece la sensibilidad, aviva los poderes de la imaginación, dirige y guía las buenas acciones. Y esta función la cumple en primerísima instancia la lectura literaria porque comunica experiencias humanas de la más alta calidad y profundidad.”

Los textos literarios deben estar presentes en el aula, no sólo como material de lectura en las sesiones de Comunicación, sino, también, de otras maneras: en los rincones de lectura, en los murales, en los periódicos escolares, en la revistas manuscritas, en las ocasiones festivas. Así, habrá la oportunidad para que logren despertar en cualquier momento alguna fibra sensible. A partir de allí, los niños buscarán por sí solos otros textos. Tal vez no será en el momento, pero puede ser en el futuro.

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